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10 años sin “el negro”: a Fontanarrosa con cariño

10 años sin “el negro”: a Fontanarrosa con cariño

Hoy se cumplen 10 años, 10 años que “El Negro” Fontanarrosa dejó vacía su banca en El estadio Gigante de Arroyito, la cancha del Rosario Central de sus amores. Autor de grandes personajes como Inodoro Pereyra y Boogie el Aceitoso, Roberto Fontanarrosa fue un gran lector y escritor, dejando memorables cuentos como “El mundo ha vivido equivocado” o “Viejo con Árbol”, además de las inolvidables adaptaciones de los cuentos clásicos, reunidos en “Los clásicos según Fontanarrosa”.

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Para recordarlo, vivo y parlante como siempre, les compartimos el discurso que dejó el miércoles 9 de agosto de 2006, en la Sala de las Américas de nuestra Ciudad Universitaria, al recibir el Honoris Causa de la UNC.  Aquí habla de su historia, su vinculo con nuestra ciudad y la revista Hortensia, su relación con la escuela y la vocación de hacer reír.

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“Después de lo del sábado a la noche en el Chateau Carreras, casi no vengo. Digo, si nos van a tratar así a los rosarinos, cuando uno va a Córdoba… Pero he pasado por cosas peores.

Yo me acuerdo que tuve que ir a dar una charla a Bogotá, poco después de que ellos nos habían ganado 5 a 0 en el Monumental. Me saludaban todos con la manito, para mostrarme los cinco dedos. Me acuerdo que yo les decía: ¡Con los problemas que tenemos en la Argentina! ¿Ustedes se piensan que a nosotros nos puede preocupar el fútbol? ¿Que nos podemos estar fijando en esas nimiedades? Lo cierto es que iba a estar respaldado acá, por Quino y por Caloi. Por diversas razones no han podido estar.

Entonces, si el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, tengo que enfrentar esta difícil situación que empecé a vivir hoy a la mañana cuando venía en auto hacia Córdoba, y que por supuesto me hacía acordar mucho a la enorme cantidad de veces que vine durante la década del ’70. Venía semana por medio, me acuerdo. Paraba en la casa del Negro Crist. Y venía en un Citroën 13V verde. Verde Tahití era la definición. Y le llamábamos, con el Negro, el bólido de acero y lona. Venía despacio, seis, siete, ocho horas ya estaba en Villa María… Después, se hacía un poco más lento el trayecto. Pero, claro, esos coches a veces se metían detrás de un camión… Yo a veces salía de Rosario detrás de un camión y llegaba a Córdoba detrás del mismo camión. El camionero creía que le funcionaba mal el espejito retrovisor.

Pero miraba hoy los camiones que van por la ruta y que suelen tener leyendas escritas atrás y que siempre son desafiantes, o jactanciosas, ¿no? “Donde para este galán, hacen cola las mujeres”. Y me acordaba de un cartelito que había visto una vez en Rosario hace mucho tiempo atrás, antes de que viniera a Córdoba. En un carro verdulero, tirado por caballos ¿no?, bastante mal estado el carro. Con un señor en musculosa pregonando arriba, y atrás, en la parte de atrás, decía escrito con letra florida: “Si me vieras, Vieja…”.

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Entonces, yo pensaba ahora, ¿no? acá, en la Universidad… ¡Si me vieras, Vieja…! Rosita… Rosita mi santa madre que desde que me dieron esa distinción en el Senado la tengo convencida de que soy senador. Y que seguramente me estará viendo. Porque me dijeron que este acto se iba a televisar en directo a todo el país. Y no creo que Rosita haya querido que yo fuera doctor. Pienso que le alcanzaba con que yo fuera lo mismo que yo pretendo para mi hijo, que sea feliz… de la manera menos delictiva posible. Pero no quisiera uno tener que recurrir a esa frase de Borges que decía “he cometido el peor de los pecados: no he sido feliz”. Yo podría decir, he cometido el peor de los pecados: no he sido millonario…

Pero tengo este tipo de retribuciones, como el que configura este acto de hoy, en una ciudad que, ya lo dijeron los muchachos que previamente hablaron… Me emocionó mucho lo que dijo Emanuel, esos recuerdos… Especialmente el 4 a 1 a Talleres allá, en Rosario, trajo lágrimas a mis ojos… Pero Córdoba indudablemente para mí tiene una connotación muy muy especial. Indudablemente yo crecí mucho profesionalmente y humanamente a través de la revista Hortensia. Y más que nada, de las amistades que hice: todos los dibujantes, y el descubrimiento de que había algo cierto en estas leyendas que rodean a las ciudades. A mí me hablaban siempre del humor cordobés, del humor cordobés… Yo pensaba que era como el humor santiagueño, el humor tucumano… Digo, son versos, son versos. Y acá no te influía esa supuesta rivalidad con Córdoba que nunca ha existido realmente, al menos para mí.

Una vez sin embargo, después de uno de los censos, hace poco, me llaman de una radio de Córdoba. Me dicen ¿qué opina usted de que Córdoba tiene cien mil habitantes más que Rosario? Le digo, jodansé… ¿Cuál es la ventaja de tener tantos habitantes, digo yo? ¿Cuál es la ventaja de la superpoblación?

Yo para que no lo tomen como una provocación inútil, les confieso: Rosario tiene fama de tener las mujeres más bellas, al menos de Santa Fe, de la zona de Rosario, digo… Pero es cierto, yo a veces lo atribuyo, porque uno siempre está buscando razones a lo inexplicable, a la soja. El alimento influye en esa exposición física de las mujeres. Y después el declive de la ciudad hacia el río, que obliga a las mujeres a caminar muy erguidas, sacando pecho, estómago contraído, nalgas duras…

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Sin embargo, señores, para aclarar los conceptos que uno puede tener sobre Córdoba aparte del Negro Crist, aparte de Cognini, de tantos otros: Cuel, Gulle, qué se yo, yo les digo… por Rosario Central pasó la Pepona Reinaldi, Milonguita Heredia, y Mario Alberto Kempes… Así que imaginen la imagen que yo tengo del fútbol cordobés. Pero no sólo eso: mi mujer es cordobesa. Lo digo acá, que no salga de esta sala. Especialmente que no salga ella, porque por ahí cuando escucha esto se horroriza.

Todo este preámbulo que estoy haciendo yo, esta elipsis coloquial, es para tratar de acordarme qué es lo que quería decir. Porque iba hacia el punto de la formación mía con respecto a la fama del humor cordobés. Cuando vine acá, descubrí que es cierto. Que había gente (suena un teléfono celular) que tenía celulares, por ejemplo… Y que además trabajaba de hacer humor. O sea: contaban chistes. Había gente que trabajaba. Y había gente que… o sea, el Pelado Alonso, el Gordo Oviedo, el Sapo Cativa, esas especies… ¿no?, realmente, lo digo con todo el respeto… Porque el Sapo es una especie… es un batracio agudo a resorte… No se daban en Rosario. Comprendí que es cierto. Que eso da lugar a la revista Hortensia. La revista Hortensia no surge por generación espontánea. Era por todo el ambiente que había en derredor. Es como dice el Flaco Menotti: Maradona no va a salir en Mónaco… O sea, tiene que haber un entorno para que produzca eso. Y han dejado una marca que permanece con Doña Jovita, con el Chichilo Viale, y algunos que prefiero no nombrar.

Y hay otra razón que hace que me regocije mucho por esto: yo lo suelo repetir. Y es que veo la amplitud de una Universidad como ésta. Yo fui un pionero de la deserción escolar. Pero no cuando me retiré de la escuela secundaria, prolijamente, como me habían enseñado, dejando los estudios en el mismo lugar donde los encontré; sino mucho antes. Cuando yo fui por primera vez a la escuela primaria. Fue en una época, estamos hablando del Siglo pasado, una época en que había primero inferior y primero superior. Lo que no había, era jardín de infantes. No había jardín de niños. No había niños, tampoco. Los niños eran muy grandes, ya. Uno ve las fotos. Ve fotos de jugadores de fútbol de esa época, y tenían 18 años y parecía que tenían 47… Bigotes, gomina…

Cuando uno decía un niño de pecho, era un niño de pecho peludo y voz arguardentosa. Entonces, sorpresivamente a mí, desde el calor de mi hogar, me mandan a una escuela, Mariano Moreno, y me reúnen con una serie de salvajes supuestamente compañeros míos pares, pares míos, en un ámbito con otro tipo de disciplina y otras cosas. Yo me acuerdo, obviamente, era muy pequeño, que calculé la distancia desde el pupitre hasta la puerta. En la puerta estaban mi Vieja, madres, muy emocionadas todas, y había maestras. Y… en un momento salí corriendo y me fui hacia la puerta, y me atraparon. Yo no tenía un plan B. Seguramente, la idea mía era llegar a la puerta, y yo digo: si llego a la frontera con Paraguay me salvo, ¡ya!. Y no. No. Pero, el paso por la escuela primaria fue digno. Fue digno. Incluso fui escolta de abanderado. Con toda la responsabilidad que eso implica. Porque si algo le pasa al abanderado, uno tiene que tomar el pendón y seguir adelante. Si el abanderado se sube al escenario y se rompe una pierna, ese tipo de cosas… Ese fue mi máximo galardón en la escuela primaria.

Cuando termina la primaria, uno no tiene la más mínima idea de lo que va a hacer, ¿no? Y mi Viejo, realmente ojo avizor, me dijo: el futuro del país está en la industria. Frase que después recogió Menem con otros propósitos… o la entendió mal… y…. Pero mi Viejo tenía una cierta razón. Me dijo: si a vos te gusta el dibujo, tenés que ir al Industrial, porque ahí hay dibujo técnico… Era como decirme: si a vos te gusta la pesca, empleate en un ballenero japonés y andá… Fue un choque de culturas. Fue muy duro. Fue muy duro. Aparecieron la proyección de un punto en el espacio, las normas Iram y aparecieron las matemáticas. Tuve un enfrentamiento desigual con las matemáticas. Porque a favor de la clara superioridad numérica de ellas, porque los números son millones, yo era uno solo… y muy chiquito. Muy chiquito. Y después, ya un poco más adelante, cuando ya se veía venir la noche… porque yo no era un mal alumno. Yo era una especie de vegetal. Un ente vegetal. O era como la jirafa: no emitía sonido alguno. Dibujaba, estaba ahí en el aula, no molestaba para nada.

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Pero, y por eso me sorprende que esta moción para entregarme esta distinción con –y estoy empleando muchos finales en ón– la aclaración acá del rector sobre qué es el Honoris Causa, porque yo creí que era algo así como un Habeas Corpus que me podía sacar de un apuro en cualquier momento, me conmueve que esa moción venga desde el polo petroquímico, ¿no? Porque en tercer año, cuando abrí los libros de física y de química, me dí cuenta que se había terminado absolutamente todo. Que eso era incompatible con mi metabolismo. Que no podía abrir los libros, y como dicen acá, con cara de pollo mirando un bicho, o esa cara que ponen los perros cuando escuchan un sonido muy agudo…

Y no había maldad. No había maldad en mí, no había maldad en mí. De todas maneras, algo quedó de esa época. A favor y en contra. Primero, todos los esfuerzos que yo he hecho en mi vida, son para no levantarme temprano. Eso lo tengo clarísimo y no voy a entrar en este enojoso territorio. Pero yo desde hace tiempo vengo planteando valientemente en la Argentina: ¿Por qué los niños se tienen que levantar tan temprano para ir a la escuela primaria? Niños infantiles, como dice el Crist… Seis años… Cuando, como dice el tango, afuera es noche y llueve tanto… Y hace un frío espantoso. Y los arrancan de sus camitas tibias, no para ir a Disneylandia. ¡Para ir a la escuela!

Y yo he preguntado, pero no desde la maldad, ¿eh? pero ¿pero por qué eso? Porque yo soy un convencido de que todos los movimientos revolucionarios latinoamericanos se originan ahí. El resentimiento de esos niños contra la sociedad… Los hacían levantar muy temprano. Eso me quedó en claro, y es un tema a debatir.

Y espero que esta Universidad lo haga. Lo haga. Y a favor me quedaron algunas definiciones. De química, del polo petroquímico, el pico del pato y el oso chiquito… Yo nunca interpreté bien si era una fórmula recordatoria, o una consigna política. Pero supongo que las que terminaban en oso empezaban en pato… Casi una cosa de Walt Disney, ¿no?. Y ojo, ¿eh? que en física me quedó que la aceleración es el incremento de la velocidad en la unidad de tiempo… Veo que les ha impresionado, veo que les ha impresionado…

Y bueno, me retiré de los estudios, e inicié otro camino sin saber adónde iba. Porque acá pueden decir: mirá qué fácil, este muchacho, le dan un doctorado y él tomó por un atajo… No, no. Yo no sabía qué iba a hacer cuando me fui de la escuela. Pero de todas maneras me congratula que se distinga, en este caso en mi persona, al humor. Al humor. Y a reírse. Porque la risa tiene peor prensa que el llanto. El dramaturgo siempre tiene mayor jerarquía que el humorista. Alguien distinguido acá también, Serrat, suele decir: “lo más importante es reírse”. Tengo entendido que ahora que se enteró que me dieron a mí la misma distinción, él va a devolver la suya. Piensa que ya se lo dan a cualquiera.

Pero yo tengo un agradecimiento tan grande por todos aquellos que me han hecho reír y que me hacen reír, que creo que merecen… y esto no es ninguna aspiración ni una petición, pero es muy lindo reírse y es muy sano reírse. Incluso se dice que hay terapias… Pero bueno, hay terapia de todo ahora: están las aroma terapia, el color terapia, el sonido terapia, y dicen que incluso con los animales… Parece que uno acaricia un carpincho y se le va el dolor de cabeza…Y ese tipo de cosas.

Pero la risa indudablemente a uno le cambia el estado de ánimo, lo pone feliz. Aunque obviamente el humor que nosotros hacemos no modifique lo dificultoso y lo complicado de las noticias. Por todo esto que les he relatado, no me queda más que agradecerles enormemente una vez más, una vez más a la ciudad de Córdoba. Y ya que hablamos de cultura popular, me retiro parafraseando aquello de ese grande que fue Atahualpa Yupanqui, y que decía: “Yo me voy con mi destino pal láo donde el sol se pierde”. Tal vez alguno se acuerde que aquí cantó un rosarino.”

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